You’ll Never Walk Alone

No, no voy a hablar de la final de la Europa League, pero sí del Liverpool. Hoy me apetece contar una historia que ha sacudido las últimas décadas en el Reino Unido y en la cual las mentiras y la injusticia han prevalecido durante mucho tiempo. Voy a hablar de la tragedia de Hillsborough, acaecida en 1989 y en la cual 96 aficionados del Liverpool perdieron la vida. Hace un mes se emitió una sentencia histórica que puso punto y final a una injusticia larga de 27 años. Me gustaría dedicar este post a los 96 aficionados fallecidos en la tragedia de Hillsborough en 1989 y a sus familiares.

El 15 de abril de 1989, el Liverpool se desplazaba a la ciudad de Sheffield para disputar la semifinal de la FA Cup contra el Nottigham Forest en el estadio de Hillsborough. Era un estadio pequeño, con gradas sin asientos y enormes vallas que separaban el público del campo pero a la vez dividían las gradas en diferentes secciones muy estrechas. La entrada al estadio se hacía por un único acceso con solamente siete torniquetes para miles de personas, y a continuación, por un túnel estrecho que daba directamente a las gradas. Era, en definitiva, una enorme ratonera con grandes fallas de seguridad.

La grada asignada a los aficionados del Liverpool. Fuente: The Guardian

La grada asignada a los aficionados del Liverpool. Fuente: The Guardian

Aquel 15 de abril, los torniquetes fueron incapaces de procesar el número de personas que quisieron entrar en el estadio. Aunque los aficionados llegaron mucho antes del inicio del partido, se formaron colas delante de los torniquetes que al poco tiempo derivaron en una masa de gente bloqueando la estrecha entrada. No había forma matemática que miles de aficionados pudiesen pasar por los siete torniquetes en menos de una hora. Así, que diez minutos antes de comenzar el encuentro, el jefe de policía dio orden de abrir las puertas de salida para que los aficionados entrasen sin pasar por los torniquetes. Miles de aficionados se adentraron por las puertas y a continuación por el estrecho túnel. Nada más empezar el partido, se pudo ver en directo como la parte asignada a los aficionados del Liverpool desbordaba de gente. Literalmente. La cantidad de gente detrás de la portería era mareante. Los aficionados se veían aplastados los unos con los otros, frente a la valla protectora. La gente desesperada, empezó a saltar las vallas y a ser rescatada por los aficionados de la grada superior. Durante seis eternos minutos, el partido se jugó y la policía no intervino. Cuando lo hizo, abriendo las puertas para que los aficionados pudiesen escapar al cuentagotas, era ya demasiado tarde. Los cuerpos sin vida de 96 personas se amontonaban contra la valla protectora, asfixiadas por una avalancha humana.

La grada de los aficionados del Liverpool el 15 de Abril 1989. Fuente: The Guardian

La grada de los aficionados del Liverpool el 15 de Abril 1989. Fuente: The Guardian

Aficionados rescatando a otros el 15 de Abril 1989. Fuente: The Guardian

Aficionados rescatando a otros el 15 de Abril 1989. Fuente: The Guardian

Murieron hombres y mujeres, adultos y niños, padres e hijos, parejas y hermanos. Aficionados que fueron a disfrutar de un partido de fútbol de su equipo preferido y jamás volvieron a casa. Hillsborough es la mayor tragedia del fútbol inglés en toda su historia. ¿Cómo es posible que miles de aficionados se viesen atrapados de esa forma en semejante ratonera sabiendo que además ya hubo un incidente similar con varios heridos en ese mismo estadio en 1981? Las ambulancias tardaron en llegar, los agentes de policía se vieron desbordados y en ningún momento se declaró la situación de emergencia. Inmediatamente se abrieron investigaciones para encontrar responsables. Y desde el primer momento, la dinámica de la investigación fue clara: responsabilizar a los aficionados del Liverpool de la tragedia.

Ya en directo, pues el partido estaba siendo televisado, el jefe de la policía mintió a la prensa que cubría el partido al filtrar que la causa de los problemas en la grada del Liverpool se debía a que aficionados sin tickets habían forzado una puerta de salida. Era una mentira enorme: fue él mismo quien ordenó la apertura de las puertas para que entrasen los aficionados del Liverpool. Esto fue el pistoletazo de salida de una campaña de demonización y de encubrimiento. La investigación se convirtió en un escándalo de proporciones enormes, en la cual las familias de las víctimas tuvieron que soportar 27 años de humillación, indignación e injusticia.

Poco a poco, se fue construyendo un mito según el cual los aficionados del Liverpool fueron los únicos culpables del desastre. La policía y la prensa enfatizaron el supuesto rol del alcohol en crear la tragedia. Se escribió que fueron unos aficionados borrachos como cubas quienes forzaron la puerta de salida y provocaron la muerte de 96 personas en la estampida. A los pocos días del desastre, el panfleto The Sun, publicó una portada titulada The Truth (la verdad) dónde acusaban de forma falaz y rastrera a los aficionados de abominaciones. Mientras los aficionados todavía en shock velaban a sus fallecidos, The Sun escribió que los fans del Liverpool habían robado a los muertos, meado sobre los cadáveres y agredido a policías haciendo el boca a boca. Eran unas acusaciones falsas, una tentativa de demonización sin precedente y sin vergüenza alguna, en un panfleto de tirada nacional, cuyo único objetivo era desacreditar a los aficionados del Liverpool y presentarlos como gentuza sin escrúpulo alguno. Obviamente, todo era mentira, pero el daño estaba hecho. Desde entonces, es imposible encontrar The Sun en los alrededores de Anfield Road, el estadio del Liverpool. Es boicoteado y vetado a conciencia por los aficionados del Liverpool.

La portada de The Sun. Fuente: The Sun

La portada de The Sun. Fuente: The Sun

Las mentiras del Sun fueron la cara más repugnante y visible de la campaña de deshumanización de las víctimas y de los aficionados del Liverpool pero no fue ni de lejos la única. La otra cara fue la institucional. La policía analizó las tasas de alcohol en sangre de todos los aficionados fallecidos (¡incluidos niños de 10 años!), que luego fueron publicadas en la prensa. Recientemente, la investigación sacó a la luz que también se buscaron los posibles antecedentes criminales de los aficionados fallecidos. ¿Qué tendría que ver un antecedente criminal en la muerte de una persona en una avalancha humana? Absolutamente nada. Pero criminalizando a las víctimas, haciéndoles pasar por borrachos y delincuentes y filtrando esa información a la prensa, se podía conseguir de forma mucho más efectiva que la culpa recayese sobre ellos y no sobre los verdaderos responsables.

Aun así, los informes oficiales sobre la tragedia reconocieron serias deficiencias de seguridad pero durante largos años se consideró que no había pruebas suficientes para inculpar a nadie por negligencias u homicidios involuntarios. Así, durante años, no se cuestionó en justicia la seguridad del estadio ni el papel de la policía. El mito de que los aficionados del Liverpool eran los máximos responsables del desastre quedó grabado a fuego en la conciencia colectiva.

Sin embargo, el trabajo incansable de las familias de las víctimas ha permitido que se haga justicia. Se incluyó en la investigación el hecho de que el Jefe de Policía a cargo del estadio durante casi 30 años había sido cesado 20 días antes del accidente y sustituido por un policía inexperimentado. Pero lo que realmente fue un punto de inflexión en la investigación de la tragedia fue cuando hace unos años salieron a la luz nuevas pruebas que demostraban que los testimonios de la policía habían sido falsificados. Muchos agentes habían detallado en sus informes los déficits del dispositivo de seguridad pero todas las partes negativas de sus testimonios habían sido borradas o recortadas por sus superiores. En definitiva, los responsables policiales trucaron la investigación al falsificar testimonios y omitieron pruebas que les inculpaban. Incurrieron en delitos de falsificación y omisión de pruebas, rehuyendo así responsabilidades para que recayesen todas sobre los aficionados del Liverpool. Poco a poco, la justicia fue reuniendo pruebas que demostraban que los verdaderos culpables de la tragedia no habían sido los aficionados. Reconociendo que hubo deficiencias graves en la seguridad del estadio y en los servicios de emergencia la justicia dictaminó que los responsables del desastre habían sido la policía y de la seguridad del estadio.

El encubrimiento policial fue muy burdo, pero persistió por mucho tiempo porque tampoco hubo interés por parte de la justicia, la clase política o la prensa por investigar o cuestionar la versión oficial. Fueron la prensa y los políticos quienes durante años sustentaron el mito según el cual los aficionados del Liverpool eran los únicos culpables del desastre dando pie a campañas de demonización de los propios aficionados.

La historia de Hillsborough no se puede entender sin explicar el contexto de los años 1980 en el Reino Unido. No es ninguna casualidad que la versión prevaleciente durante muchos años demonizase a los aficionados del Liverpool. Peor aún, no es casualidad que la versión calase y que no fuese cuestionada por la sociedad o las altas esferas del estado. Lo explica muy bien Owen Jones en su libro ‘Chavs: la demonización de la clase obrera’. Los años 1980 se caracterizaron por la destrucción de la cultura ‘obrera’ existente en el Reino Unido en la cual se demonizó a los trabajadores como catetos, brutos, borrachos, aprovechados… Poco a poco, se fue legitimando un discurso en el cual martirizar a las clases trabajadoras era aceptable, un discurso en el que el ensañamiento contra los obreros estaba permitido. De esa forma, las medidas neo-liberales aplicadas Margaret Thatcher, que se caracterizaban por un individualismo feroz y una falta de solidaridad total, podían aplicarse justificándose en el discurso anti-obrero. Fomentando una visión de la vida en el que para triunfar había que salir más allá de la vida obrera, el pensamiento dominante de la creciente clase alta era el siguiente: ‘yo no voy a pagar tantos impuestos para sustentar estos obreros que no han querido ganarse la vida de forma digna’. Este el ambiente en el que se llegó a Hillsborough. Y una vez acaecida la tragedia, la maquinaria difamatoria se disparó. Los aficionados del Liverpool eran obreros, unos catetos que ni siquiera hablan inglés correctamente, unos borrachos y unos brutos. En el mejor de los casos, unos idiotas que habían provocado la tragedia; en el peor de los casos, unos desalmados que cometieron todas las atrocidades redactadas por The Sun.

Por ello, la sentencia de hace unas semanas es histórica. Se depuraron responsabilidades legales de forma directa y se destruyó el discurso ideológico dominante durante tres décadas. La pregunta siete del auto rezaba así: “¿Tuvieron algo que ver los aficionados del Liverpool en el desastre?” Ante las lágrimas de los familiares emocionados, el jurado popular respondió: ‘No’. El resto de las respuestas confirmó lo que ya se sabía: la tragedia fue un homicidio involuntario e imprudente de la policía y los medios de seguridad del estadio. 27 años después, al fin, se demostró que la tragedia se pudo haber evitado. Es cierto que la estrategia de demonización a corto plazo fue efectiva y que todavía persisten sus coletazos; pero hoy la justicia prevalece y empieza a derrotar a la mentira. Lentamente, el discurso dominante forjado por el neoliberalismo se resquebraja; esta sentencia representa una derrota. Por ello, hay que darle la importancia que requiere y no se puede dejar que Hillsborough, lo que vino después y esta sentencia pasen al olvido como una historia cualquiera.

Acabaré este post mencionando uno de los momentos más emocionantes de estos 27 años. En el vigésimo aniversario de la tragedia, se celebró una ceremonia de conmemoración en Anfield Road, el estadio del Liverpool. El ministro de Deportes en ese momento, Andy Burnham, dio un discurso en el que dijo: “Hoy en día, podemos decir que nunca olvidaremos a estos aficionados”. Desde la grada, alguien gritó: ‘¡Justice!’ Y a continuación, las 40 000 personas que abarrotaban el estadio se pusieron de pie gritando: ‘¡Justice for the 96!’ Ya llegó la justicia. At last.

Homenaje 25 años después de la tragedia. Fuente: The Telegraph

Homenaje 25 años después de la tragedia. Fuente: The Telegraph

P.D.: Por respeto a las víctimas no he querido subir ninguna foto impactante sobre la tragedia, pero se pueden encontrar fácilmente en Internet. En Youtube se puede ver un fantástico documental de dos horas de la BBC que explica la tragedia y recoge testimonios de familiares y víctimas. Se llama Hillsborough y lo recomiendo con fervor. Para profundizar en mi argumento sobre la demonización de los aficionados, recomiendo el libro Chavs de Owen Jones.

© Mario Cuenda García

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Corbyn 2020

La elección de Jeremy Corbyn como nuevo líder laborista ha revolucionado la política británica. Es el segundo terremoto que sacude a la isla en apenas cuatro meses. El primero vino tras las elecciones del 7 de mayo. La victoria del Partido Conservador fue tan arrolladora como inesperada. Absolutamente todas las encuestas vaticinaban igualdad y la necesidad de pactar para gobernar. Los 326 escaños de los Tories fueron, según algunos analistas, la mayor sorpresa desde la también arrolladora e inesperada victoria de Clement Atlee para el Partido Laborista en 1945.

La derrota de Ed Miliband en las urnas asestó un golpe tremendo al Partido Laborista. Las críticas y opiniones que surgieron apuntaban a lo mismo: Miliband se había desviado de la Tercera Vía de Tony Blair y lo había pagado. El propio Blair, en una entrevista para el semanal The Economist semanas antes, declaró que el Partido Laborista estaba cometiendo “errores del pasado”. Miliband no es en absoluto un radical, pero su discurso de tono socialdemócrata y progresista sonaba a revolucionario comparado con el de Blair o el de Cameron.

Sin embargo, el problema de Miliband fue que se quedó en tierra de nadie. Su discurso y sus propuestas no eran lo suficientemente liberales como para atraer a votantes del Partido Conservador o Liberal y en ningún momento usó un discurso rompedor para buscar recuperar a los votantes desencantados. Jugó en la arena de Cameron y perdió. Si a eso uno suma la explosión electoral de Partido Nacionalista Escocés y la gran cantidad de votos que han obtenido los Verdes y el UKIP, la debacle del Partido Laborista parece, unos meses más tarde, menos sorprendente.

Así pues, mientras Miliband desaparecía de la escena política y empezaban las elecciones para el secretariado general, los defensores del New Labour preparaban sus candidaturas logrando los avales necesarios. A última hora, se unió a la contienda por los pelos un diputado del Norte de Londres de 66 años, con más de 31 años de experiencia en el parlamento, conocido por su rechazo a la Tercera Vía, su defensa de los sindicatos, su pacifismo y su activismo contra la OTAN, el apartheid sudafricano, contra Pinochet y muchos más: Jeremy Corbyn.

En tan solo un verano, ha conseguido lo imposible: ganar las primarias y convertirse en el nuevo Secretario General del Partido Laborista. Es una ruptura total con la Tercera Vía de Tony Blair. No es de extrañar que este último, así como toda la prensa conservadora y liberal, haya hecho campaña durante todo el mes para desprestigiarlo. Con un programa progresista, y una clara vocación popular, Corbyn ha logrado ilusionar e involucrar a muchísima gente solo en campaña. Ahora que es Secretario General y el terremoto se ha consumado, comienza un trabajo duro y las incógnitas.

Referéndum 2017

El referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea será el primer encuentro del nuevo líder laborista con las urnas. David Cameron anunció que hará campaña por la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Ed Miliband, cuando aún era líder de los laboristas, confirmó que él también lo hará. Corbyn, europeísta continuará en esa línea; la cartera de exteriores del Gobierno en la sombra ha sido asignada a una ferviente europeísta. Sin embargo, Owen Jones, que ha dado su apoyo público a Jeremy Corbyn y que es actualmente el mayor referente de la izquierda británica publicó en julio un artículo pidiendo la salida (por la izquierda) del Reino Unido de la Unión Europea.

De aquí a 2017, David Cameron negociará con Bruselas para lograr ‘reformas’ de corte liberal/conservador que pueda presentar como positivas a los británicos. Obviamente, las diferencias ideológicas son enormes entre Cameron y Corbyn. Al abogar por la permanencia, el laborista deberá hacer malabarismos, porque si Cameron consigue su objetivo, Corbyn deberá defender la relación con Europa pero no las reformas obtenidas por su Primer Ministro. Quién sabe, si considera que las políticas que defiende Cameron son perjudiciales para las clases bajas, yo no descartaría que cambiase su posición respecto a la permanencia en la UE. (Nota: esto es un tema largo y espinoso que trataremos más extensamente y a menudo en este blog).

Objetivo 2020

Sin embargo, antes del referéndum, el primer escollo al que tendrá que enfrentarse Jeremy Corbyn será su propio partido. La Tercera Vía de Blair está incrustada en el aparato del partido desde hace dos décadas. Incorporar a miembros que compartan la visión de Corbyn, dejando de lados a los más acérrimos seguidores de Blair sin que se produzcan rupturas, será una tarea ardua.

A continuación, vendrá otra colosal. Quedan cinco años hasta las próximas elecciones en los cuales las clases bajas del Reino Unido seguirán sufriendo recortes, austeridad y empobrecimiento. Sin embargo, es un punto positivo que Jeremy Corbyn tenga tanto tiempo por delante. De esa forma, no se cegará inmediatamente con el objetivo de ganar las elecciones. Ganarlas no debe ser el fin de estos cinco años, sino un paso más en la reconstrucción de una masa social en el Reino Unido. Estos conceptos, surgieron con éxito en España con Podemos, pero por desgracia, mucha de la esencia de ese discurso se ha diluido ante las últimas citas electorales. Al no tener esa presión electoral inminente, Corbyn puede y debe desarrollar estas ideas en los futuros cinco años.

Deberá recuperar el voto de la clase trabajadora que ha desistido de votar en los últimos años. Dónde hoy hay un 82% de abstencionismo en las zonas deprimidas de Manchester, en 2020 debe haber un 82% de participación. Quién ayer votó por el SNP o el Partido Verde porque representaba el voto anti-austeridad, debe votar en 2020 al Partido Laborista para hacerlo efectivo. El inglés de clase trabajadora blanca (Owen Jones dixit) que vota al UKIP porque piensa que el problema es el inmigrante, debe votar Partido Laborista cuando entienda que el problema es la austeridad.

Sin embargo, Corbyn se equivocaría si su único objetivo fuese ‘recuperar’ votos. Debe construir una estructura social que vaya más allá del mero cálculo electoral. Para ello, deberá involucrar a la población y a todos sus actores. Corbyn puede fijarse en Escocia, dónde el SNP perdió el referéndum de independencia y después triplicó su número de afiliados para luego arrasar en las elecciones. Sin embargo, el número de afiliados es solo uno de los muchos factores que permiten ver el grado de una involucración de una sociedad. Para que sea máximo, los demonizados sindicatos deben modernizarse, con estructuras acordes a la sociedad del Siglo XXI, volviendo a ganar peso y siendo agentes de cambio en el Reino Unido. El Partido Laborista debe plantearse la creación de asambleas, algo que fue fundamental en su creación, hacer uso de las nuevas tecnologías desarrollando la interacción digital, fomentar los grupos de apoyo universitarios para que sean las estructuras primarias que den voz a la juventud, etc. Toda una serie de medidas para recuperar no un electorado sino a un actor social: la ciudadanía.

La ilusión que ha despertado Corbyn durante su campaña y su primera semana como Secretario General son su primer aval: 400 000 personas le votaron en las primarias y miles están afiliándose al partido. “Primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan y entonces ganas” dijo Mahatma Gandhi. Ignorado durante años, blanco de burlas durante toda la campaña, ahora que Corbyn ha ganado, ya está en la tercera fase, la de los ataques. Quedan cinco años por delante, con un trabajo colosal en un terreno hostil dónde el éxito de Corbyn y de este (irónicamente) Nuevo Partido Laborista dependerá de su capacidad para construir una estructura social y dónde la interacción entre agentes políticos y sociales determinará las posibilidades de ganar las elecciones.