Del Cielo a la Eternidad

Hace dos años, me desperté bajo un cielo nublado. Era febrero y estaba en haciendo un pequeño intercambio de una semana en la localidad inglesa de Gloucester. Como tenía todavía un poco de tiempo por delante antes de las clases, cogí la Tablet y me metí en Facebook. De repente, tropecé con una noticia de El País. Aún recuerdo el texto y la foto que la acompañaban: “Ultima hora: fallece Paco de Lucía”. Mis ojos legañosos se abrieron de par en par con incredulidad y de mi boca salió un suave grito ahogado: “¡No!” Pero sí, Paco de Lucía nos había dejado huérfanos. Él, que en vida ya había abrazado los cielos, se marchó a conquistar la eternidad.

Un 25 de febrero de 2014 nos dejaba Paco de Lucía con 66 años. Un infarto se lo llevó mientras jugaba con sus hijos pequeños en una playa de Cancún, lejos de su Algeciras natal. El faro del flamenco español se apagaba súbitamente, poniendo fin a 40 años de puro arte y maestría. El genio de la guitarra flamenca, innovador y visionario, insuperable e inigualable, se fue para siempre, dejando vacío un trono que ninguna guitarra flamenca logrará rellenar. Paco de Lucía fue un maestro único, una estrella brillante marcada a fuego para siempre en el firmamento del flamenco.

‘Es imposible’, pensé aquél día, ‘’Si solo tiene 65 años, ¡le quedan al menos 20 años de vida!’ Me negaba a creer que aquél concierto en Bruselas en junio de 2014 fuese la única vez que pude verle, que no tendría la oportunidad de volver a disfrutar de su música en directo. Pero los escenarios se apagaron irremediablemente con él aquél día y de la misma forma, mis ilusiones de conocerlo.

El mundo flamenco lo despidió con el alma partía y lágrimas en los ojos. Paco de Lucía se marchó a conquistar la eternidad junto a su compañero Camarón de la Isla. Desde hace dos años, Paco de Lucía es inmortal y su legado es eterno. Hasta siempre, Maestro.

Paco de Lucía

Paco de Lucía

© Mario Cuenda García

El Necio

Ayer estaba escuchando canciones de Silvio Rodríguez. Al llegar a la canción El Necio, leí un comentario en Youtube que me llamó mucho la atención. Se refería a una entrevista del cantautor en la Radio Nacional de Venezuela en 2005. Durante 1 hora busqué la entrevista, pero fue en vano. Sin embargo, encontré la transcripción de la parte que me interesa de la entrevista en varios blogs. En ella, Silvio se refiere a la canción El Necio y responde de esta forma a una pregunta sobre el derrumbe de la Unión Soviética:

“Hubo varios periodistas en La Habana que me preguntaban por qué no me pronunciaba al respecto. Y yo pensaba —sigo pensando, y siempre pensé igual—, que no tengo tampoco por qué pronunciarme acerca de cada cosa que sucede. Ese no es mi oficio, no es mi trabajo. A veces no tengo nada que decir, o se está produciendo todavía un proceso de acumulación necesario para que en algún momento se convierta en expresión y brote. Mientras tanto, no puedo hacer nada, ni forzar las cosas, porque no me sale una buena canción. Es mejor quedarse con la boca cerrada a hablar boberías.”

No puedo más que suscribir y sentirme plenamente identificado con las declaraciones de Silvio Rodríguez. A veces, siento la necesidad de pronunciarme al respecto de eventos, de compartir mis pensamientos y con una ola de inspiración puedo escribir sin parar sobre ello. Otras veces, en cambio, me pasa exactamente lo mismo que a Silvio: “no tengo nada que decir, o se está produciendo todavía un proceso de acumulación necesario para que en algún momento se convierta en expresión y brote.” A veces hablo y escribo. Otras callo y escucho y no escribo durante un tiempo. Ahora mismo me encuentro en esa fase reflexiva. Y siento, que poco a poco, las palabras vuelven a brotar por sí solas. Cuestión de días.

© Mario Cuenda García