Post-París

Quisiera expresar mi consternación y mis condolencias a las familias de los fallecidos, así como mandar todo mi apoyo al pueblo francés y a los parisinos. Es difícil organizar pensamientos en estos momentos dónde la avalancha de informaciones, reacciones y lamentos arrolla todo. Sin embargo, hago un llamamiento a mantener la calma y en pensar más allá de lo ocurrido.

Estos ataques han sido tan brutales y cobardes, que han despertado lo mejor que puede tener una sociedad: la solidaridad y la fraternidad. La rabia, la consternación y el miedo han pasado a un segundo plano, tras las muestras de humanidad que está demostrando la sociedad francesa, europea, y la musulmana. Deseo, con todas mis fuerzas, que esta concienciación no sea flor de un día, sino que florezca y permanezca en nuestros corazones, por una simple razón: no estamos ante un hecho aislado de un día, sino ante una guerra moderna que está aquí para quedarse. No ha sido el primer atentado de este tipo, y no será el último.

Quién llora Paris, llora también Beirut, llora también Ankara, llora también Yemen, llora también Siria, llora también Ayotzinapa y muchos más. No estamos ante una competición sobre qué muertos importan más. El ataque de París ha sido una bofetada en la cara de los incautos. Una bofetada de realidad que viene a decir que lo ocurrido en la capital de Francia es la violencia cotidiana en estos lugares. Sin embargo, estos ataques nos chocan más porque todos conocemos gente en París, o hemos estado allí, o al menos podemos imaginarnos con bastante precisión las escenas cotidianas. No es que París importe más, es que logramos empatizar más por la proximidad. Mucha más hipocresía hay en criticar a quién llora lo ocurrido en París diciéndole que ocurren más cosas en el mundo. Por esa regla de tres, nunca podríamos lamentar ningún drama en particular o tendríamos que lamentarlos todos. La verdadera hipocresía está en no informarse en un mundo dónde la información sí está al alcance de la mano inmediatamente para luego descubrir todo de golpe y auto-flagelarse con el cuento de la hipocresía.

¿Puede París haber marcado un punto de inflexión y habernos hecho entender lo que pasa en el resto del mundo o seguirá la gente sus vidas tranquilamente al cabo de 10 días? A lo mejor ahora empezaremos a enfrentarnos de una vez a muchos de los problemas que nos plantea la sociedad actual. Nos daremos cuenta que en un mundo globalizado, las acciones a miles de kilómetros de casa pueden tener repercusiones en nuestras vidas cotidianas de la forma más brutal y trágica posible. Que las guerras ya no se pelean en lugares geográficos definidos, con trincheras y frentes, sino que pueden golpear en cualquier sitio y en cualquier momento, en forma de bombas o ataques indiscriminados.

No dejemos tampoco que estos atentados fomenten el fascismo y que las fuerzas reaccionarias europeas hagan juego con estos acontecimientos para ganar votos. Hay que luchar a la vez contra esta nueva forma de radicalismo que es el extremismo yihadista y contra el fascismo europeo, ambos diferentes en su fondo pero similares en su mensaje de odio. Luchemos informándonos, con democracia, con derechos humanos, con igualdad, con fraternidad y con solidaridad.

Que este atentado no sirva como ejemplo de la mal llamada por algunos ‘hipocresía europea’. Que sirva para abrir los ojos, para que en un futuro seamos miles en marchar contra las guerras, en votar a gobiernos comprometidos con los derechos humanos y no con la venta de armas y los apoyos a gobiernos dictatoriales. Para que decidamos integrar a nuestros hermanos refugiados que huyen el terror cotidiano que fomentan los mismos bárbaros que atentaron en París. Para que luchemos por deshacernos de las desigualdades que fomentan la marginalización y la radicalización. Para que luchemos contra el discurso del odio del islamismo radical y del fascismo europeo. Las imágenes de solidaridad y de concienciación de hoy son una muestra que Europa puede hacerlo. Hagamos todo porque no se queden en gestos simbólicos y se conviertan en las acciones que deben prevalecer en el día a día de nuestra sociedad. En un mundo dónde la indiferencia ya no es una opción válida, sólo así podrá triunfar a largo plazo la solidaridad y la paz.

Un abrazo enorme a mis amigos parisinos en este duro día. Frente al terror, venceremos.

© Mario Cuenda García