Reflexiones sobre el debate Rivera-Iglesias

No puedo evitar mojarme sobre el debate ocurrido entre los dos líderes de los partidos emergentes, Albert Rivera, de Ciudadanos y Pablo Iglesias de Podemos el pasado domingo en Salvados. El debate, corto e intenso, dejó una serie de propuestas e ideas muy interesantes por ambos lados, así como una serie de detalles significativos. Sin embargo, como simpatizante de Podemos me dejó un mal sabor de boca. En general, considero que no hubo ‘ganador’ del debate y que buscar uno no es el camino que debe tomar una reflexión seria. La causa de mi malestar, es que vi en la televisión un Albert Rivera seguro de sí mismo, presentando sus políticas con claridad y dejando ver que se había preparado la entrevista a conciencia mientras que Pablo Iglesias quedaba en un segundo plano al no ser capaz de responder a los argumentos de su adversario, teniendo muchos que criticar.

La dinámica a lo largo de todo el debate fue la que aquí presento: Albert Rivera empezó muy seguro presentando sus propuestas sobre empleo, sanidad y reuniones con líderes económicos, ante las que Pablo quedó parcialmente descolocado, sin él exponiendo sus propuestas con la misma seguridad. Es cierto, y no he sido el único en subrayarlo, que Rivera interrumpió constantemente y que Jordi Évole debería haber intervenido, porque eso impidió que Iglesias pudiese desarrollar sus ideas. En la segunda parte, sin embargo, vi un Pablo Iglesias más seguro que su oponente cuando se habló de lucha contra la corrupción, empresas públicas, referéndum catalán y sobre todo en la última ronda de preguntas cortas. Pero en muchos aspecto, Rivera fue mejor preparado que Pablo Iglesias. Pablo nunca rebatió frontalmente las propuestas de Rivera, ni tampoco expuso las suyas con claridad y concisión.

Es imperdonable que el líder de un partido político aspirando a gobernar un país se presente en una entrevista con tantas dudas sobre un plan de empleo y sin pleno conocimiento de lo que es el contrato único. Si Podemos y Pablo Iglesias consideran que el contrato único no es la solución a los problemas de este país, debe ir a criticarlo en el debate en el que su rival lo va a presentar como su medida estrella. De forma incomprensible, Pablo Iglesias no apuntó ni una sola debilidad o punto negativo del contrato único en la entrevista. A continuación, la presentación de la idea de Podemos fue caótica y mal preparada. Con casi dos años de vida y a dos meses de las elecciones, si una de las medidas propuestas es la subida del salario mínimo, una cifra es más que bienvenida (mientras escribo este texto, Podemos ha avanzado ya una cifra). Decir que se quiere que la gente viva dignamente es un eslogan que empieza a cansar hasta al más acérrimo defensor de Podemos. A partir de ahora, hacen falta propuestas. No logro entender, además, como es posible que Pablo Iglesias criticase el complemento salarial de Ciudadanos en la entrevista, pero ahora lo proponga en su programa. Por último, la no-defensa de la Renta Básica Universal también fue un grave error. Si no defiendes ante el público una de tus medidas, por muy radical que sea, ¿cuándo lo vas a hacer?

En el tema de la sanidad, Albert Rivera hizo gala de una retórica fría, matemática y también ligeramente nacionalista. Habló de los ‘turistas extranjeros que vienen a operarse a España’ y lo utilizó como justificación para restringir la sanidad pública universal a extranjeros. También retó a Pablo Iglesias a dar un país donde los inmigrantes sin papeles pudiesen ser atendidos en la sanidad de forma gratuita. Pablo Iglesias dijo que ninguna persona, sea pobre, inmigrante o sin papeles, debería ser prohibida el acceso a la sanidad pública, sea de urgencias o de operaciones, unos valores a los que suscribo plenamente. Yo habría ido aún más lejos. Habría resaltado aún más los valores humanos que representa la sanidad pública y sobre todo que lo que pone en peligro su viabilidad, no son los ‘turistas’ o los sin papeles, sino los recortes y la privatización, añadiendo además que varios países atienden a los inmigrantes sin que ellos tengan papeles.

Mucho me frustró también la falta de respuestas a dos ataques de Albert Rivera.  En primer lugar, dijo que la gente no sabe cómo va a cuadrar Podemos los presupuestos, ante lo que Pablo asintió. Ahí, tendría que haber hecho gala de la experiencia y de los hechos que arropan a Podemos diciendo: “Podemos, a diferencia de Ciudadanos, gobierna ya en varios ayuntamientos, especialmente en las dos ciudades más importantes de España, haciendo presupuestos y cumpliéndolos”. Es más, yo habría añadido que si no se logra cumplirlos, no es porque las propuestas sean populistas o irrealistas, sino porque PP, PSOE y Ciudadanos toman medidas que los torpedean, como rebajar el IBI a las rentas más altas de la capital en vez de subírselo, poniendo en peligro el presupuesto social. Rivera insistía, además, que para repartir riqueza, hay que crearla. España ya tiene riqueza, basta ver los datos en Madrid o Barcelona, ahora toca repartirla. Si Rivera cree que no es posible, que desglose las cuentas de Ahora Madrid o Barcelona en Común.

En el segundo ataque, Albert Rivera hizo gala de haberse reunido con el presidente del BBVA y preguntó con cuantos empresarios se había reunido Podemos. Pablo Iglesias, en vez de responder directamente, evadió la pregunta cuando otra vez tenía hechos de los que hacer gala. En Barcelona, Ada Colau se ha reunido con los empresarios del Mobile World Centre. En Madrid, la alcaldesa Manuela Carmena se ha reunido con directores de banco y de empresas de limpieza. Más aún, fue a negociar y demandar colaboración, en nombre de los ciudadanos de Madrid, no a criminalizar al empresario como acusó Rivera. ¿Qué obtuvo? Los bancos cedieron pisos sociales para el ayuntamiento y las basureras retiraron sus ERTEs, contratando a 500 trabajadores. Es un error grave no haber hecho gala de semejantes logros, impensables hace meses y logrados gracias a Podemos.

Ambos líderes resaltaron su ‘cruzada’ contra la corrupción, luchando por quién es más efectivo en luchar contra ella. Salieron los temas de Jordi Cañas y Juan Carlos Monedero. Yo no me hubiese enfrascado en debatir sobre personas; simplemente habría resaltado los hechos. Es decir, que Ciudadanos ha mantenido al PP y al PSOE en sus dos comunidades con más corrupción, respectivamente Comunidad de Madrid y Andalucía. La corrupción no se combate con medidas estéticas y aliándose cuando conviene con los dos grandes partidos, sino con acciones directas. A día de hoy, Ciudadanos ha pactado con PP y PSOE frenar la comisión de investigación en Andalucía antes de las elecciones. Un pacto de silencio de caballeros, entre los corruptos y sus supuestos detractores.

El viento cambió un poco cuando se tocó el tema de “lo público” frente a “lo privado”, así como que se debe hacer frente a una empresa con malas prácticas. Pablo Iglesias acertó en apuntar que un sector público no significa estar bajo control político, y que era perfectamente compatible tener sectores públicos de calidad sin interferencia política directa. Debería haber insistido más, partiendo de ese punto, sobre la necesidad de una banca pública. De la misma forma, cuando se empezó a hablar del tema de las eléctricas, Rivera propuso un Tribunal de Competencia realmente independiente que multase las empresas que abusasen de su poder. Estos tribunales existen ya a nivel europeo, pero imponen multas que son calderilla para las multinacionales abusadoras y que no les impide reincidir. Habría que haber insistido más sobre ese punto y haber criticado frontalmente el Tribunal de Competencia. Ante semejante situación, Pablo hizo bien en hablar de la posible nacionalización, por ejemplo, de las eléctricas (aunque eso conllevase que Rivera lo acusase de Franquismo económico y comunismo). Si está amparado por la Constitución Española, la nacionalización es una solución viable. Ya se está haciendo a nivel municipal, como en Madrid, donde se ha remunicipalizado la empresa funeraria al no dar esta servicios de calidad a los ciudadanos. Hizo bien pues Pablo Iglesias en dejar entrever esa posibilidad, pero entre sus votantes, habría gustado más que se dijese claramente, como ha hecho Jeremy Corbyn en el Reino Unido, que ante las malas prácticas, habrá nacionalización de sectores estratégicos.

A continuación, Jordi Évole sacó a la palestra el tema del referéndum catalán. Rivera se presentó como un garante del statu-quo político e institucional y por primera vez en el debate, apeló más a los sentimientos que a la razón que tanto había expuesto con sus cuentas. Usó el eslogan: “seguir juntos, sin romper España” y se posicionó claramente contra el referéndum. Pablo en cambio fue claro y contundente. Si gobernase Podemos, habría referéndum de auto-determinación, pero el gobierno defendería el ‘No’ a la separación, como hizo David Cameron en el Reino Unido con el referéndum sobre la independencia de Escocia. Es una muestra de democracia que respeta el derecho a decidir que demandan el 80% de los catalanes. Además, tuvo razón al apuntar que de esa forma Artur Mas dejaría de victimizarse y de presentarse como un mártir a los ojos de los catalanes, y que debería empezar a hacerse política de verdad a ambos lados del Ebro.

Finalmente, cuando llegó la ronda final de preguntas, Pablo estuvo otra vez bien y seguro, pero al ser tan cortas, quedaron deslucidas por la parte anterior del debate. Esa ronda de preguntas daría para varias horas de debate más. Me parece grave que Rivera no dijese que derogaría la Ley Mordaza completamente. ¿Qué artículos no va a tocar Ciudadanos? ¿Los que impiden fotografiar a la policía? ¿Los que multan con 30 000 euros a los que paralizan desahucios? Ante el posible cierre de los CIEs, Pablo dijo que los cerraría, mientras Albert Rivera no. Y aunque se pasase de puntillas sobre ellos, es terriblemente importante destacar las respuestas a las preguntas sobre el tema vasco. Pablo Iglesias dejó abierta la puerta de forma muy explícita al acercamiento de los presos vascos. Es un tema delicado y controvertido, pero que no se puede evitar si se quieren cerrar heridas y normalizar otra vez la relación entre la sociedad vasca y la española. También estuvo muy acertado cuando le preguntaron sobre un posible indulto Arnaldo Otegi. Como él mismo dijo, un indulto no debe utilizarse con fines políticos pero Otegi no debería estar en la cárcel.

Termino ya, con algunas observaciones de detalles o de omisiones que ocurrieron durante el debate. Primero, faltaron varios temas importantes de política internacional, pero también una discusión sobre el TTIP. Con Podemos y Ciudadanos en el Parlamento Europeo y una macro-manifestación en Berlín hace un par de semanas, es un tema que debería haber sido abordado. Poder haber analizado las actuaciones de los dos partidos (Ciudadanos votando a favor en el Parlamento Europeo y en Barcelona mientras que Podemos votaba en contra), habría puesto a Podemos en una posición de fuerza. Segundo, pese a la buena retórica de Albert Rivera, quedó muy claro cuál es su posición social. Encontró trabajo directamente después de la universidad en un gran banco y saltó directamente a la política. Tiene plan de pensión y mutua privada (ahora empiezo a entender porque Ciudadanos quiera desgravar impuestos a las personas que quieren contratar mutuas privadas) y nunca ha estado en el paro. Lejos de mí de criminalizar el éxito y la buena gestión, pero claramente Albert Rivera no ha sufrido las penurias por las que han pasado millones de personas en España. Pablo Iglesias, en el lado opuesto, ha estado en el paro y no tiene pensión o mutua privada: algo ante lo que muchos más ciudadanos españoles pueden identificarse. Por último, vimos a dos políticos, con dos grandes equipos por detrás, discutir de temas de economía; pero eché de menos ver a algún economista y no solo intermediarios. Además, Podemos debería haber publicitado más sus economistas, como el apoyo directo recibido de parte de James Galbraith, Thomas Piketty, o indirecto como el de Joseph Stiglitz.

En general, el debate dio la sensación de que Albert Rivera fue mejor preparado. Expuso sus políticas con concisión y claridad. Pablo Iglesias, teniendo muchos argumentos a su favor, y sobre todo hechos concretos (como aquí he expuesto), no supo contrarrestar por momentos a su adversario. Pero no nos engañemos, en política, aunque cuente mucho la imagen, los hechos pesan mucho más. Esta entrevista, con todos los detalles que he apuntado aquí, representa solo un pequeño factor en la carrera  a las elecciones y quedarse con ella como un indicador de voto sería irresponsable; ninguna persona capacitada razonaría así. Pero detrás de la buena retórica de Rivera y de sus políticas bien explicadas y calculadas, están los hechos y los detalles aquí expuestos. Albert Rivera no supondrá un cambio a mejor de las clases bajas de nuestro país. Es un hombre inteligente y calculador; respeto mucho sus posiciones y sus políticas porque son realistas así como atractivas para un sector del público. No haber buscado exponer mejor las suyas, ni haber criticado las de Ciudadanos fue un error porque Pablo Iglesias y Podemos saben que esas políticas no son atractivas para sus potenciales votantes. Haber apuntado debilidades les habría hecho ganar puntos. Ojalá el equipo de Podemos vea este debate muchas veces, tomen notas de los errores cometidos, reflexiones, y para los próximos debates de diciembre veamos un Pablo Iglesias más ofensivo en los debates, capaz de darle la vuelta a la tortilla.