Sobre los titiriteros

Este fin de semana hemos presenciado un hecho grave acaecido en Madrid: dos titiriteros han sido detenidos y enviados a prisión preventiva, acusados de apología del terrorismo por exhibir en un momento de su actuación una pancarta dónde estaba escrito “Gora Alka-ETA”. Se ha creado un revuelo mediático, institucional y jurídico, que a su vez ha conllevado un estado de confusión enorme entre la opinión pública y los actores institucionales. Poco a poco, se va aclarando lo ocurrido y con toda la información disponible, puedo afirmar con total seguridad que los titiriteros no deberían estar en prisión y me uno a las voces que piden su liberación inmediata.

Para empezar, hay que explicar en qué contexto surge la pancarta en la obra de teatro. Como se puede apreciar en un vídeo del diario CTXT, un policía la coloca al lado de una bruja detenida e inconsciente, se supone que en una caricatura denunciadora de la la manipulación policial. El personaje de la bruja no es anecdótico, ya que personifica la caza de brujas. Por último, la pancarta es un juego de palabras en vasco. “Viva ETA” se dice “Gora ETA”. “Gora Alka-ETA” significaría “Viva Al-QuaETA”, un juego de palabras que junta los dos grupos terroristas Al-Qaeda y ETA. Os invito a ver el vídeo, porque demuestra que la pancarta se coloca claramente en el contexto de la obra, y no es un mensaje explícito de apoyo a la banda terrorista.

Con esta sencilla explicación, queda claro que la acusación de apología del terrorismo está completamente infundada. No es una exaltación de la violencia armada, sino en todo caso una caricatura en el contexto de una representación teatral. Obviamente, surgen preguntas. ¿Era la obra apta para niños? Desde el Ayuntamiento de Madrid, han surgido respuestas contradictorias. Aunque lo fuese dudo mucho de que los niños entendiesen la escena. ¿Debió haberse representado la obra? Sí, parece ser que ya se hizo en Granada sin no hubo ningún incidente y prohibirla sería una afrenta a la libertad de expresión. ¿Hiere la sensibilidad de cierta gente? Puede ser. En tal caso el Ayuntamiento debía ser consciente de ello y actuar en consecuencia.

Hay varias cuestiones que deben ser discutidas, como por ejemplo la sobreactuación de la justicia y los límites de lo ‘políticamente correcto’. Soy un ferviente defensor de las leyes que prohíben el enaltecimiento del terrorismo y del fascismo. Sin embargo, en algunos sitios parece confundirse la prohibición del enaltecimiento con la prohibición de cualquier tipo de mención al tema. ¿Habría reaccionado la justicia igual de haber sido una obra para adultos en un teatro privado? No lo creo. Es cierto que la línea entre la sátira, la caricatura y la broma de mal gusto puede ser muy fina, pero detener y enviar a prisión preventiva a dos titiriteros por una escena de su espectáculo es una respuesta completamente desmesurada, indigna de un estado de derecho y más propia de una dictadura. Además, una obra de guiñoles, y cualquier otra obra de teatro, escrita, cinematográfica que enaltezca implícitamente o explícitamente el terrorismo debe ser permitida en el marco del derecho a la libertad de expresión. Me asusta ver que en España no se haya respetado semejante derecho básico y se defienda su violación desde muchos sectores del espectro político.

Todo este revuelo contrasta por cierto con una situación similar que ha ocurrido este fin de semana en el carnaval de Alost, en Bélgica, donde unos comediantes locales se han disfrazado de los hermanos Abdeslam, responsables de los atentados terroristas que costaron la vida a 130 personas en Paris. Incluso utilizaron una furgoneta pintada donde se podía leer: “Hermanos Abdeslam, mudanzas París-Bruselas”. No parece que vayan a ser detenidos. Y admito que en este caso me parece una broma de mal gusto que puede haber ofendido a gente. Pero desde luego, no acabarán en la cárcel y nadie en su sano juicio pediría semejante condena.

Concluyendo este post, creo que ya con más tranquilidad, queda fuera de duda que los titiriteros no buscaban hacer apología del terrorismo. Por ello, me uno a las voces que reclaman su libertad. Pido también que seamos sensatos a la hora de hablar del terrorismo. España ha sufrido la lacra del terrorismo durante más de 40 años y las heridas aún no se han cerrado. Queda por finalizar el proceso de desarme. Hay que abordar procesos de reconciliación. Han de discutirse compensaciones. Hay procesos jurídicos que permanecen abiertos. La lista sigue. Cuando se discute sobre terrorismo estos han de ser entre muchos otros los temas políticos en el centro del debate, y no una pancarta satírica exhibida por dos comediantes en un carnaval de barrio. Volvamos a una política seria que trate de temas importantes y deje de lado polémicas estériles que jamás deberían haberse iniciado.

© Mario Cuenda García

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