Por una sanidad pública y gratuita

Hace un par de días, el cantante de la banda Ska-P, Pulpul, denunciaba en un post en Facebook que tras sufrir un ictus su madre, fueron necesarias dos horas y media de espera antes de que llegase la ambulancia. Además, el hospital al que fue trasladada estaba desbordado. Esta historia ha sido ampliamente compartida en Facebook. Desafortunadamente, historias como estas son corrientes hoy en día en España. Muy pocas se visibilizan, al menos que lo haga alguien mediático, pero son la prueba irrefutable del daño que han producido los recortes en sanidad en nuestro país. Desde mi blog me gustaría compartir una historia propia.

Este verano fui al Festival Granirock que se celebraba en Quintana de la Serena, un pueblo de la provincia de Badajoz situado a unos escasos 30 kilómetros de Don Benito. En la segunda noche de conciertos, sobre las diez y veinte, mientras me dirigía hacia el recinto de conciertos desde la acampada, me sobrevino un pinchazo enorme en la boca del estómago. Sólo había bebido tinto de verano, así que no le di mucha importancia, pensando que sería un flato. Sin embargo, el dolor subió en intensidad, impidiéndome respirar con normalidad. Me senté en unas escaleras para descansar, pero el dolor iba agudizándose cada vez más. Pedí a mi amigo que se acercase al puesto de Cruz Roja pero al no haber ninguno y ante mis signos de dolor cada vez más ostensibles y mi dificultad para respirar, unos jóvenes llamaron a una ambulancia.

Los efectivos sanitarios estaban movilizados debido al evento de masas y la ambulancia llegó en menos de cinco minutos. Los auxiliares me embarcaron y me llevaron al centro de salud. Llegamos inmediatamente pero ahí surgió la sorpresa: estaba cerrado. Sí, cerrado. Los ambulancieros reaccionaron prestamente y me trasladaron al centro de salud del pueblo más cercano, a 15 kilómetros de Quintana de la Serena. Afortunadamente, el pinchazo y la dificultad al respirar no revestían peligro alguno. Una vez en el centro, gracias al cuidado estupendo del personal, me recuperé en media hora.

El centro de salud de Quintana de la Serena, un pueblo de 5000 habitantes, se vio drásticamente afectado por los recortes y en vez de estar operativo las 24 horas del día, cerraba a las diez de la noche.  En aquél momento, recuerdo que llegué a pensar las potenciales consecuencias de semejante medida. Cualquier persona que sufriese un problema de salud grave, ya sea un infarto, o un accidente de coche, debería recorrer unos 15 kilómetros suplementarios entre los dos pueblos. Muchas veces, la atención inmediata puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Hoy en día, si no me equivoco, el centro de salud vuelve a ser operativo tras el cambio de gobierno en Extremadura.

La sanidad pública y gratuita debe ser un derecho intocable. El coste de un trayecto en ambulancia, por muy corto que sea, supone aproximadamente unos 900€. En las condiciones económicas actuales, ninguna persona debe ser obligada a asumir semejante gasto por un servicio fundamental y un derecho innegable como es la salud, ni tener que añadir a la incertidumbre de la urgencia o de la enfermedad, la incertidumbre económica.

Estos argumentos no se deben, por cierto, a una creencia según la cual el Estado deba asegurar la salud de sus ciudadanos por el simple hecho de serlo. El Estado, al fin y al cabo, es el medio que canaliza la solidaridad y la empatía entre sus ciudadanos. Al igual que yo me beneficié de la sanidad pública pagada por todos, quiero que cualquier otra persona, viva dónde viva en el Estado español y sea de donde sea, pueda recibir el mismo tratamiento que yo, costeado por el dinero que pago y pagamos todos. Ayer fui yo, hoy será otro pero mañana puedes ser tú. El derecho a la sanidad pública garantizado por el Estado no es una reivindicación vacía en defensa del Estado. Defiendo la sanidad pública porque el Estado garantiza el mejor canal de materialización de solidaridad ciudadana.

Por último, querría agradecer a los trabajadores de la sanidad pública su magnífica atención aquella noche y resaltar que son unos auténticos profesionales. Me atendieron con tranquilidad y una suma eficiencia, siempre con una sonrisa y siempre calurosos. Son personas excepcionales, que soportan noches sin dormir de guardia, apenas descargan un paciente deben ir a buscar otro, y atienden a una persona tras otra. A veces son casos graves y otras veces, pequeñas estupideces como la mía, pero siempre están ahí para cuidar al ciudadano. No lo olvidemos: la sanidad pública es eficaz y salva vidas.

Mi defensa de la sanidad pública y gratuita y mi oposición a los recortes son pues firmes y comprometidos, y más tras mi experiencia personal. Decido resaltar este compromiso a escasos días de las elecciones generales, para exigir la defensa y la mejora del patrimonio que representa la sanidad, revirtiendo la política de recortes e invirtiendo más en ella. El domingo, a la hora de votar, los votantes deberemos recordar quienes se han posicionado por la sanidad privada y restringida, por los recortes (y su no revocación), y por lo contrario, quienes la defienden como un bien público y universal y han prometido revertir la política de recortes.

© Mario Cuenda García

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