Diario de un viaje a Cuba, Capítulo 1

¿Cómo describir la llegada a un país que deseas visitar desde hacía ya un par de años? Tras diez horas de vuelo en el avión más grande en el que haya viajado, el Boeing 747 Dreamline baja lentamente, atraviesa las nubes y bajo nuestros ojos aparecen el mar Caribe y Cuba, bañados en la luz del atardecer. A medida que nos adentramos en tierras cubanas, vemos aparecer la vegetación tropical hasta tocar tierra en el pequeño aeropuerto internacional de Varadero. Son las cuatro de la tarde hora local, las diez de la noche en Bruselas. Afortunadamente, llevó unos días acostándome tarde y estoy preparado físicamente para aguantar el jet-lag. Voy junto a mis padres y mi hermano. Al salir del avión, nos recibe una ola de calor tropical y húmedo. En la terminal del aeropuerto, pasamos por el control de inmigración, en el cuál un funcionario verifica nuestros pasaportes, valida los visados, y nos fotografía para dejarnos luego pasar al control de equipajes. Un par de detalles me llaman la atención: todos los guardias de seguridad son mujeres, uno de los paneles de bienvenida está en ruso, la gran cantidad de personal que hay en un aeropuerto tan pequeño… En el mismo aeropuerto cambiamos euros a pesos convertibles cubanos (CUC), la moneda de los turistas. En Cuba hay dos monedas, aunque el Gobierno está preparando ya la unificación de ambas divisas. La moneda que utilizan los propios cubanos es el peso cubano (CUP). Los turistas utilizan el peso convertible cubano (CUC), que está ligado al dólar. Un CUC equivale a 25 CUPs. A la salida del aeropuerto hay unos pocos militares, y mucha gente esperando. Enseguida me llama la atención la gran variedad de colores de piel. Cubanos blancos, negros y mulatos, sí, pero a lo largo de todo el viaje nos daríamos cuenta que la variedad racial es enorme, con una gran gama de colores intermedios y una cohesión social envidiable.

Entre la multitud, vemos al taxista que nos va a llevar a la Habana. Se llama Ernesto (sospecho que su nombre no es casualidad), tiene 23 años y es muy locuaz. Su vehículo es una furgoneta Renault nueva y moderna. Tiene muy pocos clientes de habla castellana; la mayoría son canadienses, y no habla inglés lo suficiente como para mantener una conversación con ellos. Ahora que tiene la oportunidad, no duda en contarnos todo lo que nos pueda interesar en las dos horas de viaje entre el aeropuerto y la Habana. A continuación, con un humor que notaría más veces a lo largo del viaje, describió lo que llamó irónicamente los ‘cinco logros de la Revolución’, es decir cinco desastres medioambientales creados por políticas del gobierno. Primero, la introducción del ‘Pez Gato’, un pez con muchas propiedad nutritivas, pero terriblemente desestabilizante para el ecosistema; es carnívoro, y puede comerse hasta a crías de cocodrilos. Segundo, la introducción del hurón, que se quiso utilizar para matar ratones, pero que acabó haciendo estragos entre las gallinas. Tercero, la introducción del búfalo, para el mercado de carne, pero es un animal agresivo que no se adaptó nunca al clima caribeño. Ernesto apunta además que la carne de res está prohibida para los cubanos, pero no para los turistas. El cuarto desastre fue La introducción del ‘marabá’, una planta aparentemente buena para la producción de carbón, pero que se reproduce con enorme rapidez en detrimento de su entorno. El quinto y último, la ‘maringa’, una planta que Fidel Castro dijo que era buena como infusión, pero que según Ernesto no está probado y es posible que hasta tenga efectos negativos para la salud.

Foto tomada dentro del taxi en el trayecto hacia la Habana. Ernesto es nuestro conductor.

Foto tomada dentro del taxi en el trayecto hacia la Habana. Ernesto es nuestro conductor.

Después, Ernesto nos explica que hizo el servicio militar obligatorio con 18 años. Es un entrenamiento muy exigente, que dura un año si vas a la Universidad y dos en el caso contrario. Se inicia con 45 días de internado dónde se hace guardia y se aprenden tácticas y técnicas para luchar principalmente, por no decir únicamente, contra el ejército de Estados Unidos. Sin embargo, eso fue hace ya cinco años y él mismo se pregunta cuál será la situación ahora mismo tras el deshielo de las relaciones. A él le correspondió hacer sólo un año, porque entró en la Universidad para estudiar educación física. Por lo poco que entiendo, cada alumno en su último año de educación secundaria, tiene que elegir entre una decena de carreras, y dependiendo de las notas en materias importantes como Lengua, Matemáticas o Historia, obtiene o no la carrera deseada. Obviamente, cuanto mejor alumno seas, más probabilidades tienes de obtener tu carrera. Preguntamos a Ernesto qué hará tras acabar sus estudios. ‘Seguiré trabajando de taxista’; es mucho más rentable.

Le preguntamos si se notan cambios con la llegada de Raúl Castro al poder y las progresivas liberalizaciones de los últimos años. Nos confirma que sí ha habido avances; los cubanos eran autorizados a tener paladares (así se llaman los restaurantes en Cuba) así como taxis, casas y coches privados. Él ahora se iba a vivir con su novia; tuvo que vender la casa para poder comprar el coche que le permitiese seguir de taxista. ‘En otro país, hubiese podido alquilar la casa, y con ese dinero, me hubiese comprado el carro. En Cuba aún no se puede, queda mucho por hacer’. Nos pone por ejemplo el internet, censurado por el Estado. Tiene un iPhone, pero que solo le sirve para hacer fotos, llamar, mandar SMS y muy de vez en cuando, hablar por e-mail. Ernesto también nos dice que todavía no ha notado ningún cambio tras el histórico anuncio de la vuelta de las relaciones con EEUU; él esperaba al menos 5 años más en una situación similar antes de que se empezase a ver cualquier atisbo de cambio.

Llevamos unos pocos minutos por la autopista cuando pasamos por delante de la Universidad de Matanzas. “Antes de la Revolución sólo había 3 universidades”, nos dice, “la de la Habana, la de Santa Clara y la de Santiago”. No sabe decirnos cuantas hay en el país hoy en día; me informé y la cifra es superior a 40. La de Matanzas se construyó entre los años 1975 y 1985 y es de arquitectura soviética al igual que los pisos que vemos poco después a las afueras de Matanzas. Ernesto nos confirma que fueron construidos por los rusos. La mención de la Unión Soviética rememora a Ernesto la dureza de los años 90, cuando cayó la URSS y Cuba perdió su gran protector económico. Fue el Periodo Especial. Resume esos años en una palabra: terribles. “Un caos total durante 8 años. La corriente eléctrica solo llegaba dos o tres horas al día.” Seguimos rodeando la Bahía de Matanzas; del otro lado se ve una refinería. Construida en el marco de los acuerdos cubano-venezolanos de petróleo (Cuven Petrol), fue financiada por Venezuela. Sin embargo, cuando murió Hugo Chávez, la construcción quedó paralizada. Con la crisis económica azotando su país, Nicolás Maduro no ha desbloqueado la financiación para continuarla. Sin sorpresas, la parte por construir es la más costosa.

El ferrocarril de Matanzas es el más viejo de Cuba y de Latinoamérica.

El ferrocarril de Matanzas es el más viejo de Cuba y de Latinoamérica.

Nos adentramos en Matanzas, la ciudad natal de Ernesto, de 350 000 habitantes. Nos señala un antiguo cuartel militar, que Fidel Castro transformó en escuela pública una vez triunfó la Revolución. Vemos los primeros murales y paneles propagandísticos. No me da tiempo a hacer fotos, pero anoto algunas frases, como: ‘Revolución es defender valores’. Hay jóvenes jugando al béisbol (la pelota en Cuba) por todas partes: parques, rotondas… Es el deporte nacional y levanta pasiones. De hecho, Matanzas está jugando la semifinal del playoff final de la Liga cubana contra la Isla de la Juventud, y hay decenas de hinchas apostados en la carretera para recibir al equipo que vuelve de jugar a domicilio.

La autovía entre Varadero y la Habana con vistas al mar Caribe.

La autovía entre Varadero y la Habana con vistas al mar Caribe.

Al salir de Matanzas, cogemos la impecable autopista que nos lleva directamente a La Habana. ‘Es pre-revolucionaria’, nos indica Ernesto. En Cuba, lo pre-revolucionario indica que fue construido antes de 1959. En el caso de la autopista, por la Mafia Italiana, cuyos lazos y sucios negocios con el dictador Fulgencio Batista eran notorios. Tanto Batista como la Mafia deseaban urbanizar toda la costa entre Varadero y la Habana con casinos, prostíbulos y grandes resorts, convirtiendo esta parte de la isla en el Las Vegas caribeño. La Habana ya había empezado a ser un núcleo de juego, derroche y prostitución en los años 50 y la construcción de la autopista representaba un paso más en la ejecución de ese plan. Todo acabó abruptamente con la Revolución. El trayecto por la autopista es fascinante. Bordea la costa, a apenas 20 metros del mar durante decenas de kilómetros. De un lado, está la verde flora tropical, llena de valles y sierras a lo lejos, que descubriríamos en los días siguiente, y del otro, la inmensidad del mar Caribe extendiéndose por el horizonte, entremezclándose el viento marino con el aire tropical. Ante el mar, recuerdo las crisis de los balseros y pienso: “aquí tenían kilómetros y kilómetros de costa sin vigilancia y de fácil acceso para lanzarse en lancha”. Parece que Ernesto me lee la mente: nos cuenta que en la famosa crisis, por estas costas, se lanzaron al mar miles de cubanos en lanchas. También nos dice: “En Estados Unidos nos acogen con los brazos abiertos”. Tuve un pensamiento: “Qué injusto. Lo que dice es cierto, pero lo que los cubanos no saben, es que únicamente ocurre con ellos, no con los demás. Un haitiano o un mexicano no es ni mucho menos bien recibido”. De hecho, ni ellos son acogidos con los brazos abiertos en todas las ocasiones. El éxodo de Mariel se produjo porque el Estado cubano permitió a los cubanos pedir visados a Estados Unidos; fueron estos que ante la avalancha, los negaron al menos que hubiese motivos claros de persecución política. Ante la negativa, miles de cubanos cogieron entonces sus balsas y se lanzaron al mar. Pero los que llegaron no lograron ni mucho menos quedarse en Estados Unidos; fueron transportados a la base de Guantánamo (¡qué ironía!), y de ahí fueron devueltos a Cuba.

A lo largo de la costa, vemos también pozos petrolíferos, refinerías y fábricas de ron. Hay petróleo en Cuba pero contiene mucho azufre y es muy difícil de refinar. Las dos refinerías que vemos son radicalmente diferentes. La primera es cubana y la secunda es canadiense. La diferencia tecnológica es espectacular. La cubana parece fijada en el pasado, mientras que la canadiense es moderna. Por último, vemos una refinería de Ron Havana Club. Ernesto nos cuenta que Bacardi se fue cuando llegó la revolución, y que su ron pasó a llamarse Ron Santiago de Cuba. Le pregunto por la caña de azúcar, negocio histórico de Cuba. “Va a peor”. La sobreexplotación ha reducido la fertilidad del suelo, afectando al grosor y a la calidad. Antes, la caña de azúcar y sus derivados eran la gran fuente de ingresos; ahora, según él, son los médicos y  el turismo.

La conversación con Ernesto fue probablemente la más prolífica que tuvimos con todos los taxistas de la isla, hasta tal punto que con mucha guasa nos invitó a su boda en mayo. Nos dijo que las dos únicas cosas buenas de la Revolución habían sido la Educación y la Sanidad gratuitas, pero rápidamente, como queriendo excusarse por haber dicho algo positivo del Estado, añadió que los médicos eran mal pagados, que tenían que ser enviados a misiones a otros países si querían obtener beneficios, obligándoles a separarse cinco años de sus familias. Este primer trayecto a la Habana fue una especie de avant-goût de lo que vería a lo largo del viaje. Tanto arquitectónicamente, donde he visto el estilo caribeño entremezclado con el soviético, como a nivel social donde ya con Ernesto se atisba una juventud completamente desanimada.

Tras casi dos horas de viaje. Aparecen las primeras urbanizaciones de la Habana, y cada vez más paneles propagandísticos: ‘Comandante en Jefe ordene’, ‘Este es un pueblo combativo’, ‘Bloqueo, el genocidio más largo de la historia’. También vemos el campus de los Juegos Panamericanos, construido en 1991. Hay un gran estadio de béisbol con una enorme cara del Che y el único velódromo del Caribe. No tendría mucho interés si no fuera por la historia que lo rodea. La organización de los Juegos fue otorgada a Cuba en los años 1980, cuando la isla tenía cierta estabilidad económica. Tras la caída de la Unión Soviética y el comienzo del Periodo Especial, no había recursos para continuar con la construcción. Sin embargo, Fidel consideraba que sería una estocada muy grande a su orgullo renunciar a su organización, así que continuó con las obras faraónicas en los momentos más decisivos de Cuba. Los juegos se desarrollaron sin incidentes, y fueron un gran éxito para Cuba. Con un último oro en boxeo, consiguieron encabezar el medallero por primera vez en su historia.

La entrada a La Habana se hace por un peaje pre-revolucionario y por el Túnel de La Habana que pasa bajo el mar, también construido por la Mafia Italiana. Aparecemos en la Habana Vieja y nos da la bienvenida precisamente el consulado español. Del otro lado del estuario, hay una antigua fortaleza colonial española, que visitaríamos en los días siguientes. Seguimos nuestro recorrido por el Malecón a la luz del atardecer. Hay muchísima gente paseando por este paseo marítimo; me recordó a Cádiz. En medio del Malecón vemos un pedestal desde donde Fidel solía hacer discursos y frente a la estrada, el edificio que hasta recientemente albergaba la Oficina de Intereses de Estados Unidos para Suiza, que hacía informalmente de Embajada de Estados Unidos mientras las relaciones estaban rotas. Hoy en día, vuelve a ser la embajada americana. Como provocación, la Oficina colocó un panel electrónico en su fachada que proyectaba frases de los Derechos Humanos de la ONU. Sin que le temblase el pulso, Fidel Castro respondió llenando la plaza con cientos de mástiles;  cada vez que los USA activaban el panel, Fidel alzaba las banderas para tapar el mensaje.

Entramos en el Vedado por la Avenida de los Presidentes; si el Malecón me recordaba a Cádiz, esta avenida parecía un paseo español al cual van los jóvenes a charlar por la tarde. El Vedado fue en sus tiempos uno de los barrios más ricos de la Habana. Como su nombre indica, era un barrio privilegiado prohibido a los cubanos más pobres antes de la Revolución. Las casas son grandes y coloridas; antaño eran propiedad de las familias ricas de la Habana. Cuando triunfó la Revolución, muchos de los propietarios se exiliaron, y las casas fueron ocupadas por familias desfavorecidas que nunca soñaron con tener casas tan lujosas. Produce una curiosa sensación. Es una mezcla, por un lado de casas ricas, que antaño tuvieron que ser la envidia del Caribe, y por otro lado de calles hoy mucho más dejadas, desaliñadas, con niños jugando en la calle, como en cualquier pueblo (‘Ernesto’ grita una madre; ya es el segundo). Nos despedimos de nuestro Ernesto y entramos en casa de Alina, una amiga de un amigo de mis padres. Vive en una casa preciosa de estilo colonial; hay un salón en la entrada con unos elegantes sillones y un piano antiguo, que da a un pasillo central descubierto y lleno de macetas que lleva a la parte trasera de la casa. Alina nos prepara un cóctel casero a base de piña, hielo y vino tinto. El jet-lag empieza a hacer mella. Estamos tomando el cóctel a las 19h00, pero nuestro cuerpo nos recuerda que para él, es la 1 de la madrugada.

Alina nos presenta a Ray, que también es amigo del amigo de mis padres. Mientras Alina nos prepara el cóctel, hablamos con él. Tiene 28 años, está casado y tiene una hija de un año. Él, contrariamente a Ernesto, nos dice que Cuba ha cambiado mucho en los últimos cinco años. Este tipo de diferencias en las opiniones de cubanos serían constantes; unos ven el vaso medio lleno, otros medio vacío. Nos enumeró una serie de cambios que él había notado. Primero, la legalización de la compra y venta de casas y coches privados, poniendo fin a los trapicheos que había anteriormente (‘tú te casas conmigo, esta casa para mí, yo a cambio te doy mi coche…’). Segundo, el abaratamiento de las comunicaciones con USA. Antes, una llamada costaba 2.50 CUC/min, porque pasaba por un tercer país, ahora ha pasado a 0.80 CUC/min al ser directa. El internet, nos dice, es de difícil acceso, y muy caro, alrededor de 6 CUC/hora. Ray nos dijo que ya se podía empezar a recibir emails, y que al menos en la Habana, se estaba creando una especie de intranet; con algunos trucos y chanchullos, utilizando antenas, algunos expertos en telecomunicaciones estaban consiguiendo que alrededor de 9000 personas en la capital tuviesen acceso a ese internet ‘clandestino’. No lo utilizan para nada subversivo. Solamente para compartir pelis, vídeos, fotos y para jugar a videojuegos, como el Call of Duty. Cuarto: se empieza a aceptar cada vez más la crítica libre al régimen en los medios de comunicación. Alina, por su parte, nos explica que ella ha empezado a desarrollar un proyecto de cooperativa junto al Estado. En Cuba, están empresas estatales, empiezan a aparecer las privadas y luego las cooperativas, donde trabajan pequeños empresarios privados junto al Estado. Ella trabaja en un restaurante, que poco a poco va despegando.

Vista a la rampa desde la ventana de mi habitación

Vista a la rampa desde la ventana de mi habitación

Tras la agradable acogida, Alina nos lleva al que sería nuestro hogar mientras durase nuestra estancia en la Habana: un piso en la calle 23 del Vedado, también conocida como la Rampa. Nuestros inquilinos son una pareja de ancianos muy agradables, Silvia y Delfín. Nos dicen que tienen un hijo ingeniero en Getafe. El piso es pequeño, pero muy agradable, bien decorado y con una terraza que da precisamente a la Rampa. Tras una corta conversación para romper el hielo, decidimos salir a cenar. Seguimos la Avenida 23. ¡Nuestro primer paseo por suelo cubano! Es nuestra toma de contacto con la circulación habanera: por todos lados circulan los famosos almendrones, esos coches de los años 50 típicos de la Habana, mastodontes gigantes, contaminantes, ruidosos, que dejan un olor a gasolina y a goma quemada tras de sí, pero que forman gran parte de la magia de la capital cubana. Caminamos relajados, notando una brisa marina pero sin ver el mar, rodeados de olores a comida callejera. En la Rampa hay puestos de comida, discotecas, cines; una calle con mucha vida, por donde salen habitualmente los jóvenes cubanos. Alina, Ray, Silvia y Delfín han enfatizado que Cuba es terriblemente segura. Fueron unánimes: ‘Puedes caminar por la calle por la noche, no hay ningún problema’. Llegamos al Hotel Habana Libre: es el antiguo Hotel Hilton, terminado de construir en 1958 y que fue expropiado por la Revolución. Aquí se quedó Fidel Castro cuando llegó a la Habana, y desde aquí se tomaron las primeras decisiones. En frente hay un panel propagandístico en honor a José Martí. Perpendicularmente a la Rampa, está la Avenida de los Presidentes, un paseo dónde, según nos dijo Ernesto, quedaban muchos jóvenes: efectivamente, allí están, jugando al béisbol, viendo una peli en un ordenador y charlando. Cenamos en un pequeño restaurante que nos recomendaron, pero estamos cansados. Son las 21h00 hora local, pero las 03h00 en Bruselas. Al acabar, volvemos al piso y caemos rendidos. La habitación en la que dormimos mi hermano y yo es muy austera. No hace especialmente calor, pero se puede dormir con una fina sábana. Me quedo dormido escuchando el ronroneo de los almendrones circulando por la Rampa, sonriendo y feliz, porque asimilo que sí, que al fin, que ya estoy en Cuba.

Foto nocturna al rótulo del Hotel Habana Libre

Foto nocturna al rótulo del Hotel Habana Libre

Nuestro primer paseo por la rampa y nuestros primeros almendrones.

Nuestro primer paseo por la rampa y nuestros primeros almendrones.

Anuncios

Corbyn 2020 (English)

The election of Jeremy Corbyn as the new Labour leader has put British politics in shock. In a period of only four months, it is already the second political earthquake that hits the island unexpectedly. The first took place during the General election on May 7th; the Conservative party obtained a resounding victory, despite all polls forecasting the necessity of a coalition to govern. According to some analysts, the 326 seats of the Tories were the biggest surprise since the equally unexpected victory of Clement Atlee in 1945.

The defeat of Ed Miliband weakened the Labour Party tremendously. Nearly all commentators and critics agreed on the same point: Miliband did not follow the Third Way path and paid a high price for it. Weeks before in an interview granted to The Economist, even Tony Blair said that the Labour Party was committing “mistakes from the past”. Miliband is not a radical, but his social-democratic and progressive tone during his speech sounded revolutionary compared to the ones of Blair or Cameron.

However, Miliband’s real problem was that he stood in no man’s land. His discourse and his propositions were not liberal enough to attract Conservatives or Liberal voters nor did he try to use a different and more radical speech to gain back the disenchanted Labour voters. He played in Cameron’s arena and he lost. If one adds to this the electoral explosion of the Scottish Nationalist Party and the amount of votes obtained by the Greens and the UKIP, Labour’s debacle seems less of a surprise now.

While Miliband disappeared from the political scene, the primaries for General Secretary started. The candidates in favour of New Labour presented their candidatures, and in the last moment, a 66-year-old North London MP joined the competition; with 31 years of experience in Parliament, he was known for his rejection of the Third Way, his defence of Trade Unions, his pacifism and his activism against the NATO, the apartheid, Pinochet and many more: Jeremy Corbyn.

In only two months, he has achieved what seemed impossible: winning the primaries and becoming the new General Secretary of the Labour Party. This is a total breakdown from Blair’s Third Way. It is thus no surprise that during the entire campaign Blair, as well as the liberal and conservative press have aimed to discredit it. With a progressive program and a clear popular vocation, Corbyn has managed to involve a lot of people in his campaign. Now that he is the General Secretary and the earthquake has passed, the real hard work begins.

Referendum 2017

The referendum on whether the UK should remain a member or leave the EU will be the first issue to make Corbyn face the ballot box. David Cameron announced that he would campaign to remain in the European Union. Ed Miliband defended the same position when he was still the leader and it appears like Corbyn will follow his predecessor. Furthermore, Hilary Benn, appointed shadow foreign secretary, has announced that Labour will defend the EU membership under any circumstances. In July, however, Owen Jones, the current reference of the Britannic left who publicly supported Jeremy Corbyn during his campaign, published an article favouring the cessation of UK membership in the EU.

Starting from today until 2017, David Cameron will negotiate with Brussels and try to obtain liberal/conservative ‘reforms’ that he could present as positive changes to the British electorate. If Cameron achieves his goal, Corbyn will have to defend the European relationship, but not the reforms obtained by the Prime Minister, as their ideological positions differ. I would not rule out a change in Corbyn’s position regarding the EU if he starts perceiving that the policies proposed by Cameron are harmful for the British lower classes. (Note: this is a long and controversial topic, which in the future I will tackle in more detail in this blog).

Objective 2020

However, the first obstacle that Corbyn will have to face before the referendum will be his own party. For the past two decades, the Third Way has embedded the doctrine and conduct of the Labour party. Incorporating members who share Corbyn’s view whilst moving out Third Way supporters without causing any ruptures in the party will be difficult.

Moreover, Corbyn faces another colossal challenge. 5 years remain until the next general election in 2020, but meanwhile, British working class will suffer cuts, austerity, and impoverishment.  Nonetheless, it is a positive thing that Corbyn has 5 years ahead before the general elections. Instead of only focusing on the winning of the elections, he will now have time to focus on the real issues Britain faces. In fact, winning the elections should not be the ultimate end of these five years; rather it should be a step forward in the re-construction of a social mass in the UK. These concepts successfully appeared in Spain with the anti-austerity party Podemos, but unfortunately much of the party’s essence diluted due to the recent Spanish elections. Corbyn does not face an imminent pressure, and thus can construct these ideas in the next five years.

He will have to recover the votes of the working class that has stopped voting in the last years. Where today there is an abstention of 82 per cent in the depressed areas of Manchester, in 2020 there should be an 82 per cent of participation. Who yesterday voted for the SNP or the Green party because it represented the anti-austerity vote, in 2020 has to vote for the Labour Party to make it efficient. The English white working class man (Owen Jones dixit) who votes UKIP because he thinks that the immigrant is the problem has to vote Labour when he finally understands that austerity is the real problem.

However, Corbyn would commit a mistake if his only objective would be to gain votes back. He has to construct a social structure that goes beyond electoral considerations. To do this, he will have to involve all the British population. Corbyn should consider what happened in Scotland, where the SNP in spite of having lost the independence referendum, afterwards multiplied by three its number of members and then had a huge victory in the general elections. The number of party members, however, is only one of many factors that permits one to measure the degree to which society involves itself. For the participation to be at its highest potential, in order to become tools of effective change the demonised Trade Unions have to modernise with structures suitable for the 21st century. Furthermore, the Labour Party should consider the creation of assemblies, something that was fundamental in its creation, making use of new technologies, developing digital interaction, encouraging support groups in universities as primary structures giving voice to the young, etc. A vast array of measures not only to recover an electorate, but a whole social actor: the citizen.

Corbyn has awakened hope during his campaign and his first week as General Secretary: 400 000 people voted for him in the primaries and 62 000 people have become members of the Labour party. Mahatma Gandhi once said: “First they ignore you, then they laugh at you, then they fight you and then you win”. Ignored for years in the Labour Party, and mocked during the campaign, Corbyn has now reached the third stage: he has become a fighter. The next five years represent a colossal challenge in a hostile environment where the success of Corbyn and its (ironically) New Labour Party will depend on its capacity to construct a social structure and where the interaction between political and social agents will determine the possibilities of winning the next elections.

Many thanks to my friend Paula García Domingo for her big help in the translation of this text.

Corbyn 2020

La elección de Jeremy Corbyn como nuevo líder laborista ha revolucionado la política británica. Es el segundo terremoto que sacude a la isla en apenas cuatro meses. El primero vino tras las elecciones del 7 de mayo. La victoria del Partido Conservador fue tan arrolladora como inesperada. Absolutamente todas las encuestas vaticinaban igualdad y la necesidad de pactar para gobernar. Los 326 escaños de los Tories fueron, según algunos analistas, la mayor sorpresa desde la también arrolladora e inesperada victoria de Clement Atlee para el Partido Laborista en 1945.

La derrota de Ed Miliband en las urnas asestó un golpe tremendo al Partido Laborista. Las críticas y opiniones que surgieron apuntaban a lo mismo: Miliband se había desviado de la Tercera Vía de Tony Blair y lo había pagado. El propio Blair, en una entrevista para el semanal The Economist semanas antes, declaró que el Partido Laborista estaba cometiendo “errores del pasado”. Miliband no es en absoluto un radical, pero su discurso de tono socialdemócrata y progresista sonaba a revolucionario comparado con el de Blair o el de Cameron.

Sin embargo, el problema de Miliband fue que se quedó en tierra de nadie. Su discurso y sus propuestas no eran lo suficientemente liberales como para atraer a votantes del Partido Conservador o Liberal y en ningún momento usó un discurso rompedor para buscar recuperar a los votantes desencantados. Jugó en la arena de Cameron y perdió. Si a eso uno suma la explosión electoral de Partido Nacionalista Escocés y la gran cantidad de votos que han obtenido los Verdes y el UKIP, la debacle del Partido Laborista parece, unos meses más tarde, menos sorprendente.

Así pues, mientras Miliband desaparecía de la escena política y empezaban las elecciones para el secretariado general, los defensores del New Labour preparaban sus candidaturas logrando los avales necesarios. A última hora, se unió a la contienda por los pelos un diputado del Norte de Londres de 66 años, con más de 31 años de experiencia en el parlamento, conocido por su rechazo a la Tercera Vía, su defensa de los sindicatos, su pacifismo y su activismo contra la OTAN, el apartheid sudafricano, contra Pinochet y muchos más: Jeremy Corbyn.

En tan solo un verano, ha conseguido lo imposible: ganar las primarias y convertirse en el nuevo Secretario General del Partido Laborista. Es una ruptura total con la Tercera Vía de Tony Blair. No es de extrañar que este último, así como toda la prensa conservadora y liberal, haya hecho campaña durante todo el mes para desprestigiarlo. Con un programa progresista, y una clara vocación popular, Corbyn ha logrado ilusionar e involucrar a muchísima gente solo en campaña. Ahora que es Secretario General y el terremoto se ha consumado, comienza un trabajo duro y las incógnitas.

Referéndum 2017

El referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea será el primer encuentro del nuevo líder laborista con las urnas. David Cameron anunció que hará campaña por la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. Ed Miliband, cuando aún era líder de los laboristas, confirmó que él también lo hará. Corbyn, europeísta continuará en esa línea; la cartera de exteriores del Gobierno en la sombra ha sido asignada a una ferviente europeísta. Sin embargo, Owen Jones, que ha dado su apoyo público a Jeremy Corbyn y que es actualmente el mayor referente de la izquierda británica publicó en julio un artículo pidiendo la salida (por la izquierda) del Reino Unido de la Unión Europea.

De aquí a 2017, David Cameron negociará con Bruselas para lograr ‘reformas’ de corte liberal/conservador que pueda presentar como positivas a los británicos. Obviamente, las diferencias ideológicas son enormes entre Cameron y Corbyn. Al abogar por la permanencia, el laborista deberá hacer malabarismos, porque si Cameron consigue su objetivo, Corbyn deberá defender la relación con Europa pero no las reformas obtenidas por su Primer Ministro. Quién sabe, si considera que las políticas que defiende Cameron son perjudiciales para las clases bajas, yo no descartaría que cambiase su posición respecto a la permanencia en la UE. (Nota: esto es un tema largo y espinoso que trataremos más extensamente y a menudo en este blog).

Objetivo 2020

Sin embargo, antes del referéndum, el primer escollo al que tendrá que enfrentarse Jeremy Corbyn será su propio partido. La Tercera Vía de Blair está incrustada en el aparato del partido desde hace dos décadas. Incorporar a miembros que compartan la visión de Corbyn, dejando de lados a los más acérrimos seguidores de Blair sin que se produzcan rupturas, será una tarea ardua.

A continuación, vendrá otra colosal. Quedan cinco años hasta las próximas elecciones en los cuales las clases bajas del Reino Unido seguirán sufriendo recortes, austeridad y empobrecimiento. Sin embargo, es un punto positivo que Jeremy Corbyn tenga tanto tiempo por delante. De esa forma, no se cegará inmediatamente con el objetivo de ganar las elecciones. Ganarlas no debe ser el fin de estos cinco años, sino un paso más en la reconstrucción de una masa social en el Reino Unido. Estos conceptos, surgieron con éxito en España con Podemos, pero por desgracia, mucha de la esencia de ese discurso se ha diluido ante las últimas citas electorales. Al no tener esa presión electoral inminente, Corbyn puede y debe desarrollar estas ideas en los futuros cinco años.

Deberá recuperar el voto de la clase trabajadora que ha desistido de votar en los últimos años. Dónde hoy hay un 82% de abstencionismo en las zonas deprimidas de Manchester, en 2020 debe haber un 82% de participación. Quién ayer votó por el SNP o el Partido Verde porque representaba el voto anti-austeridad, debe votar en 2020 al Partido Laborista para hacerlo efectivo. El inglés de clase trabajadora blanca (Owen Jones dixit) que vota al UKIP porque piensa que el problema es el inmigrante, debe votar Partido Laborista cuando entienda que el problema es la austeridad.

Sin embargo, Corbyn se equivocaría si su único objetivo fuese ‘recuperar’ votos. Debe construir una estructura social que vaya más allá del mero cálculo electoral. Para ello, deberá involucrar a la población y a todos sus actores. Corbyn puede fijarse en Escocia, dónde el SNP perdió el referéndum de independencia y después triplicó su número de afiliados para luego arrasar en las elecciones. Sin embargo, el número de afiliados es solo uno de los muchos factores que permiten ver el grado de una involucración de una sociedad. Para que sea máximo, los demonizados sindicatos deben modernizarse, con estructuras acordes a la sociedad del Siglo XXI, volviendo a ganar peso y siendo agentes de cambio en el Reino Unido. El Partido Laborista debe plantearse la creación de asambleas, algo que fue fundamental en su creación, hacer uso de las nuevas tecnologías desarrollando la interacción digital, fomentar los grupos de apoyo universitarios para que sean las estructuras primarias que den voz a la juventud, etc. Toda una serie de medidas para recuperar no un electorado sino a un actor social: la ciudadanía.

La ilusión que ha despertado Corbyn durante su campaña y su primera semana como Secretario General son su primer aval: 400 000 personas le votaron en las primarias y miles están afiliándose al partido. “Primero te ignoran, después se ríen de ti, luego te atacan y entonces ganas” dijo Mahatma Gandhi. Ignorado durante años, blanco de burlas durante toda la campaña, ahora que Corbyn ha ganado, ya está en la tercera fase, la de los ataques. Quedan cinco años por delante, con un trabajo colosal en un terreno hostil dónde el éxito de Corbyn y de este (irónicamente) Nuevo Partido Laborista dependerá de su capacidad para construir una estructura social y dónde la interacción entre agentes políticos y sociales determinará las posibilidades de ganar las elecciones.